
Los inicios
La tardecita del 18 de diciembre de 1859, en un modesto edificio en Valdocco, un barrio de la periferia de la ciudad de Turín, Italia, un grupo de 17 personas, en su gran mayoría jóvenes, junto a Don Bosco, inician lo que luego será la Congregación Salesiana.
Ya en 1864 llegará la primera aprobación oficial de la Santa Sede, en 1874 se aprobarán definitivamente las Constituciones.
Pero este grupo y esta idea no habían surgido de la nada: desde 1846, en ese mismo barrio, había comenzado a funcionar lo que sería la semilla de la nueva congregación: el Oratorio de San Francisco de Sales. Y aún podemos remontarnos más atrás, cuando el joven Juan Bosco sueña que algunos de los lobos que se habían convertido en corderos, se convierten a su vez en pastores, que lo ayudan a cuidar del rebaño...
El desarrollo
Pronto la joven congregación comenzó a crecer. En 1863 se funda la primera casa fuera de Turín, en Mirabello. En 1875 toca el turno a la primera casa fuera de Italia, en Niza (Francia). Ese mismo año, parte la primera expedición misionera, que tendrá como destino la Argentina.
A la muerte de Don Bosco, la Congregación tiene 773 miembros y 276 novicios. Cuando muere su sucesor, el beato Miguel Rúa, en 1910, los salesianos son 4001. Veintiún años después, cuando muere el beato Felipe Rinaldi, los salesianos ya son 8954. Hoy, somos más de 17.000 los salesianos de Don Bosco esparcidos en más de 130 países.
Misión e identidad.
Dicen las Constituciones Salesianas:
«Los Salesianos de Don Bosco (SDB) formamos una comunidad de bautizados que, dóciles a la voz del Espíritu, nos proponemos realizar, en una forma específica de vida religiosa, el proyecto apostólico del Fundador: ser, en la Iglesia, signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres.»
Como continuadores de Don Bosco, nuestra misión tiene distintos frentes, en los que trabajamos:
Los jóvenes, especialmente los más pobres, son el principal frente de misión. «El Señor indicó a Don Bosco, como primeros y principales destinatarios de su misión, a los jóvenes, especialmente a los más pobres. Llamados a esa misma misión, nos percatamos de su extrema importancia: los jóvenes viven los años en que hacen opciones de vida fundamentales, que preparan el porvenir de la sociedad y de la Iglesia.»
Son objeto especial de nuestra atención los jóvenes llamados a un servicio en la Iglesia, y les ayudamos a descubrir, acoger y madurar el don de la vocación laical, consagrada o sacerdotal, para bien de toda la Iglesia y de la familia salesiana.
Somos educadores en la fe en los ambientes populares, mediante el trabajo en las parroquias, el servicio de las obras sociales y también por medio de la comunicación social.
Ya desde el comienzo nuestra congregación se caracterizó por el espíritu misionero. Dicen las Constituciones: «Los pueblos aún no evangelizados fueron objeto especial de la solicitud y pasión apostólica de Don Bosco, y siguen apremiando y manteniendo vivo nuestro celo. En el trabajo misionero reconocemos un rasgo esencial de nuestra Congregación».
Llenos de gratitud a Dios, a más de 140 años de aquella tardecita del 18 de diciembre de 1859, nos alienta y nos exige el recuerdo de lo que dijo Don Bosco sobre el final de su vida:
«Sí, lo que he hecho lo he hecho por el Señor... Se podría haber hecho mucho más... Pero lo harán mis hijos. Nuestra Congregación está dirigida por Dios y protegida por María Auxiliadora.»