
"Para la Iglesia -decía el Papa Pablo VI- el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites" Muchos hermanos y hermanas, laicos y laicas, de nuestra Familia, han sido, entre nosotros, testigos fieles de Jesús y su Evangelio. Presentamos tan sólo algunas figuras de religiosos salesianos cuyo recuerdo nos estimula en nuestra fidelidad.
Hno. Juan Sanguinetti (1850-1938). Este humilde coadjutor salesiano, era considerado por los veteranos de la Inspectoría, el salesiano «más santo» que estuvo entre nosotros. Nacido en Italia, emigró al Uruguay donde conoció a Lasagna, entró al Colegio Pío en 1887 como aspirante y permaneció toda su vida en esta casa. «Su bella alma vivía en unión íntima, continua, con el Señor. De aquí, una paz inefable, una alegría serena, que se reflejaba admirablemente en el candor de su mirada y en el encanto de su sonrisa que, habitualmente, brotaba en sus labios. Su virtud se imponía a la admiración de todos ...» El Hno. Sanguinetti era el quintero del colegio. Trabajador y orante. Pasaba horas adorando al Señor en el Santísimo Sacramento, y rezando el Rosario. Gozaba de vivir junto al Santuario de María Auxiliadora, era quien abría cada mañana sus puertas y el que las cerraba de noche. Rezaba por todos, muchos confiaban en su oración, y, a su muerte, los que lo conocían afirmaban: «ha muerto un santo».
P. José Gamba ( 1859- 1939). Nacido en el Piamonte, recibe la sotana de manos de Don Bosco, y, poco después de su profesión religiosa, parte para el Uruguay en la segunda expedición misionera. Es ordenado sacerdote en 1883 en Montevideo. Director desde muy joven, maestro de novicios, fundador del Colegio Sdo. Corazón y de Talleres Don Bosco, a la muerte de Lasagna es designado Inspector de Uruguay y Paraguay, donde recién se iniciaba la obra salesiana. Será inspector durante 27 años. En esta largo período de gobierno, la obra salesiana se consolida con más de 10 fundaciones. Bondadoso, franco, comunicativo, sagaz. Amó mucho al Uruguay y cuando fue relevado del gobierno inspectorial pidió a los Superiores que lo destinaran a cualquier casa, pero quedándose en nuestra patria, que él hizo suya.
P. Horacio Meriggi. (1892-1949). Nacido y muerto en Montevideo, este salesiano fue un apóstol social, trabajador, alegre, amante del Oratorio Festivo, actuó fundamentalmente en Paysandú y desde allí comenzó una vastísima obra social con la fundación de sindicatos agrarios, cajas populares y colonias agrarias. En Paysandú llegó a tener 1.000 oratorianos que reunía los domingos preocupándose de su bien espiritual y material. A impulsos del obispo de Salto Mons. Camacho y con la bendición del Inspector P. Gamba, comenzó la tarea de fundar sindicatos agrícolas para ayudar al hombre de campo y al pequeño productor: «Necesitamos enseñarle a los trabajadores que hay una justicia más allá de esta vida, pero que esta justicia se debe y se puede realizar primero, en lo posible, aquí abajo; que hay un cielo, pero que en la tierra debe empezar a formarse ese cielo entre los hombres de buena voluntad». Dejó fundados 3 federaciones sindicales, 60 sindicatos cristianos agrícolas, 1 confederación general con sede en Montevideo, 6.000 familias de agricultores asociados a esta obra; 10 sindicatos con depósitos y máquinas de su propiedad; 3 sindicatos que hacen distribución de leche e industrializaban el remanente; un conjunto de colonias agrícolas para 450 familias que colonizaron 41.700 hectáreas; fundó 27 Cajas populares Sus últimos 3 años de vida, enfermo y con dificultades crecientes no detuvieron su ímpetu: «Muero contento de ser salesiano».
P. Bernardino Harispuru (1883-1954). Es el segundo fundador de Talleres Don Bosco. Nacido en Mercedes, entró al Colegio San Miguel y de allí pasó a la casa de Formación de Las Piedras. Ordenado sacerdote por Mons. Soler, después de ser durante 10 años secretario del Inspector es designado Director de Talleres Don Bosco. Lo será por 22 años. Sobre él recaerá la pesada tarea de hacer realidad el edifico de Talleres. Golpeó muchas puertas, pidió mucho y pudo ver realizada sus esperanzas. Valiente, cuando el municipio quiere obligarlo a pagar una multa que considera injusta, prefiere ir a la cárcel, donde después de un día, una multitud de gente espera su puesta en libertad. Lleva a los Talleres Don Bosco a instancias del director de la cárcel Gómez Folle, a una cantidad de menores que allí estaban. Debe defenderse de las críticas sectarias, pero también aquí triunfa por su amor a Cristo y a los muchachos pobres por los que dio su vida.
P. Arturo Mossman Gross ( 1888-1964). Del Colegio de Paysandú pasó a la Casa de Formación en 1900. Dotado de finísima sensibilidad literaria son conocidas sus muchas poesías que revelan su profundidad espiritual. Conocedor del corazón humano, fue muy apreciado como director espiritual de muchos estudiantes y profesionales católicos, de quienes fue encargado desde el año 1938 hasta su muerte. Alentó el movimiento benedictino. Escribió sobre él el Dr. Adolfo Gelsi: «Fue un precursor, porque conocía y vivía en profundidad, con sentido histórico, el mensaje de Cristo. Cuando llegó el soplo de libertad del Vaticano II, en todos sus grandes temas, los que habíamos estado con el P. Mossman, volvimos a oír lo que él siempre exponía y vivía, en espíritu de fidelidad y de paz»
P. Raúl Porto ( 1894- 1965). Alumno de Talleres Don Bosco, fue al Manga. Luego, ya ordenado sacerdote, recorrió varias casas como “maestro y asistente”. Fue una de las figuras más populares de la Congregación y que más hicieron conocer, amar y ayudar a Don Bosco. Poeta nativista, alegre y simpático, dedicó su vida salesiana al Oratorio Festivo. Él solo, con su presencia y sus gestos, mantenía la atención de multitud de oratorianos en sus originales catequesis. Fundador y asesor del Sindicato de Choferes y del Sindicato de Gráficos. Amó a los pobres . “Una vasta gama de valores intelectuales, morales y humanos, al servicio de un ideal sacerdotal, a impulsos de su gran corazón”. A su muerte fue llorado por hombres de toda condición.
P. Sebastián Barreto (1896-1979). Nacido en Santa Isabel, actual Paso de los Toros, ingresa muy joven al Aspirantado del Manga, luego, recién ordenado sacerdote es destinado a la escuela Agrícola Jackson y allí permaneció hasta su muerte. Durante 57 años de presencia en la Jackson marcó positivamente la vida de esta Escuela Agrícola. En él se unía una gran inteligencia con una sencillez casi infantil, un sacerdocio imbuido de celo apostólico y un incansable trabajo en todas las esferas en que actuó. Docente en la Jackson, miembro y directivo de la Federación Rural, la Confederación granjera, la Unión de Viticultores y Bodegueros. Enólogo reconocido, integró diversas comisiones oficiales sobre temas agrarios, el Gobierno Nacional lo envió en algunas misiones oficiales dentro y fuera del país. Publicó varios artículos y libros de su especialidad. Sus audiciones radiales, fueron muy seguidas especialmente en el ámbito rural, al consejo sacerdotal se unían las recetas de cómo hacer vinos o conservas.
P. Eduardo Pavanetti (1916-1975) Montevideano, alumno del Colegio Pío, de donde pasó al Manga. Joven salesiano es enviado a estudiar filosofía en Italia. Director de varias casas, es nombrado Inspector en 1959. Desde 1962 a 1975 pasó a Italia donde desempeñó varios cargos de responsabilidad. Se distinguió como escritor, conferencista, experto consejero , hombre de gobierno y director espiritual. Sus obras se editaron en nuestro país y en el extranjero, entre otras: El laicismo superado, Dignidad y misión de la madre, La madre educadora, La educación sexual de tu hijo. Fue fundador del Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras, antecesor de la actual Universidad Católica del Uruguay.
Hno. Nicanor Nicher ( 1899-1983). Nacido en el departamento de Río Negro, profesó como coadjutor salesiano en 1918. Su vida salesiana transcurrió en Juan Lacaze y sobre todo en Talleres Don Bosco. Para sus alumnos de la imprenta de Talleres fue «el Maestro». Ellos lo quisieron de verdad, y él supo quererlos como quería Don Bosco a sus muchachos. Hombre sereno y dinámico al mismo tiempo, educador en todo momento, vivió su fe , entregó su saber, impulsando la madurez de sus muchachos con su consejo sabio y prudente. No hablaba mucho, rezaba, trabajaba, era asistente en el sentido salesiano de la palabra. Hasta último momento siguió dando su testimonio sereno y elocuente a todos quienes lo visitaban o cuidaban. Fue modelo de coadjutor salesiano.
P. José Domingo Molas (1901- 1984). Paraguayo de nacimiento y de corazón. Vivió en el Uruguay la mitad de su vida, pero a su muerte los paraguayos reclamaron sus restos para rendirle homenaje en el Panteón Nacional. El P. Molas fue heroico capellán en la triste guerra del Chaco. Allí durante 3 años compartió la dura vida de los soldados, algunos de ellos sus alumnos de la escuela Agraria en la que era Director antes de la guerra. Terminada ésta parte como misionero a Siam, la actual Tahilandia. En 1939 se encuentra en Italia, en I Becchi, la tierra natal de Don Bosco y allí nuevamente la guerra."... su obra resultó preciosísima y heroica... Decenas y decenas de partisanos o de soldados fascistas o alemanes ya condenados al fusilamiento, deben la vida a él, que exponía la suya al peligro para ir en auto, en bicicleta, a pie, bajo la continua amenaza de la metralla aérea, a tratar la rendición o el intercambio de prisioneros". Las poblaciones cercanas al Colle Don Bosco: Castelnuovo, Buttigliera d'Asti, Chieri le han rendido homenajes diversos, con la presencia de muchos de sus "rescatados". En 1951 volvió al Uruguay donde fue Rector del Santuario de María Auxiliadora de Villa Colón, hasta su muerte.