Domingo, 28 Mayo 2017

El Jubileo de la Misericordia

El Papa Francisco anunció la celebración de un Año Santo extraordinario. Se trata de un Jubileo de la Misericordia que iniciará el 8 de diciembre 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016. El último Jubileo lo había instituido Juan Pablo II en 2000; ahora Francisco abrirá el año santo sobre el tema: “Dios rico en misericordia” (Ef 2,4).

Posiblemente, el Papa lo tenía en mente hace tiempo, o mejor en "discernimiento". De hecho, Francisco, al inicio del año, exclamó: “Estamos viviendo el tiempo de la misericordia. Este es el tiempo de la misericordia. Hay tanta necesidad hoy de misericordia, y es importante que los fieles laicos la vivan y la lleven a los diversos ambientes sociales. ¡Adelante!”.

Las lecturas para los domingos en las misas serán tomadas del Evangelio de Lucas, conocido como “el evangelista de la misericordia”. Dante Alighieri lo definía como “narrador de la mansedumbre de Cristo”. Así, los se escucharán las parábolas de la oveja perdida, la moneda extraviada y el padre misericordioso, entre otras.

Con el Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco pone en el centro de la atención al Dios misericordioso e invita a todos a volver hacia Él. El encuentro con Él inspira la virtud de la misericordia. El rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de años permanece sellada. La misericordia es un tema muy querido por el Papa Francisco quien ya como obispo había escogido como lema propio “miserando atque eligendo”: "lo miró con misericordia y lo eligió", referido a la elección de San Mateo.

 

BREVES ORACIONES A PARTIR DE LOS TEMAS DEL JUBILEO

Las siguientes oraciones, breves y muy sencillas, están inspiradas en los diferentes temas del Jubileo. Son pensadas para dar inicio a reuniones de grupos o para diferentes momentos de oración de las comunidades.

 

 

Presentación audiovisual del Jubileo, centrada en el lema ("misericordiosos como el Padre") y sus consecuencias.

 

 

¿Cómo vivir la misericordia en este año?

 

 

Las siguientes fichas, pensadas para trabajarlas en grupo, servirán para hacer una lectura detenida y contemplativa del documento que convoca y da sentido al Jubileo de la Misericordia, la llamada Bula (una carta oficial y solemne del Papa) “El rostro de la misericordia”. Cada una presenta un encuentro de oración y reflexión en sí mismo, que será conveniente hacer secuencialmente. 

 

descargar  FICHA 1 JUBILEO DE LA MISERICORDIA

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado.

descargar  FICHA 2 JUBILEO DE LA MISERICORDIA

“Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad…” Francisco invita a ver en Jesús el amor misericordioso de Dios: ¿Qué me ha ayudado a descubrir del amor de Dios estas líneas que leímos? ¿Cómo vivimos la justicia y el perdón en nuestra comunidad? ¿Cómo le explicaría a alguien que no lo conoce o ha experimentado lo que es el amor misericordioso de Dios?

descargar  FICHA 3 JUBILEO DE LA MISERICORDIA

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina.

descargar  FICHA 4 JUBILEO DE LA MISERICORDIA

La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer.  

 

 

Significado del jubileo 

El jubileo nace de una tradición hebrea para reclamar justicia, pero para la Iglesia católica tiene un significado más espiritual. Consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, y en la posibilidad de renovar la relación con Dios y con el prójimo. De este modo, el Año Santo es una oportunidad para profundizar la fe y vivir el testimonio cristiano. 

El logo y el lema del Año Jubilar son una buena síntesis de lo que será este año de la Misericordia. Con el lema ‘Misericordiosos como el Padre’ se propone vivir la misericordia siguiendo  el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida.  El  logo  –obra  del  jesuita  Marko I. Rupnik–  se  presenta  como  un  pequeño compendio teológico de la misericordia. Muestra, en efecto, al Hijo que carga sobre sus hombros  al  hombre  extraviado,  recuperando así una  imagen  muy  apreciada  en  la  Iglesia  antigua,  porque  indicaba el amor de Cristo que lleva a término el misterio de su encarnación con la redención.

El  dibujo se destaca el Buen Pastor que toca en profundidad la carne del hombre, y lo hace con un amor capaz de cambiarle la vida. El Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí la humanidad, pero sus  ojos se confunden con los del hombre. La escena se coloca dentro la mandorla que es también una figura  importante en la iconografía  antigua y medieval por cuanto evoca la presencia de las dos naturaleza, divina y humana, en  Cristo. Los tres óvalos concéntricos, de color progresivamente más claro hacia el externo, sugieren  el movimiento de Cristo que saca al hombre fuera de la noche del pecado y de la muerte. Por otra  parte, la profundidad del color más oscuro sugiere también el carácter inescrutable del amor del  Padre que todo lo perdona.

 

 

 

 

 

Entrevista al Papa en «Credere»: habla de la revolución de la ternura, su vocación y la confesión


– Santo Padre. Ahora que estamos a punto de entrar en lo ‘vivo’ del Jubileo, ¿nos puede explicar qué motivo del corazón le ha empujado a poner de relieve el tema de la misericordia? ¿Qué urgencia percibe, a tal respecto, en la situación actual del mundo y de la Iglesia?
– El tema de la misericordia se va acentuando con fuerza en la vida de la Iglesia a partir de Pablo VI. Fue Juan Pablo II el que lo subrayó fuertemente con la “Dives in misericordia”, la canonización de Santa Faustina y la institución de la fiesta de la Divina Misericordia en la Octava de Pascua.

»En esta línea, he sentido que hay como un deseo del Señor de mostrar a los hombres Su misericordia. Entonces no es que me haya venido a la mente, sino que retomo una tradición relativamente reciente, si bien siempre ha existido. Y me he dado cuenta de que se debía hacer algo para continuar esta tradición.

»Mi primer Ángelus como Papa fue sobre la misericordia de Dios, y en aquella ocasión hablé también de un libro sobre la misericordia que me regaló el Cardenal Walter Kasper durante el Cónclave; también en mi primera homilía como Papa, el domingo 17 de marzo en la parroquia de Santa Ana, hablé de la misericordia. No ha sido una estrategia, me ha venido de dentro: el Espíritu Santo quiere algo.

»Es obvio que el mundo de hoy tiene necesidad de misericordia, tiene necesidad de compasión, a través de “partir con”. Estamos habituados a las malas noticias, a las noticias crueles y a las atrocidades más grandes que ofenden el nombre y la vida de Dios. El mundo tiene necesidad de descubrir que Dios es Padre, que tiene misericordia, que la crueldad no es el camino, se cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales, pero cuánta gente se queda fuera.

»Me ha venido a la mente esa imagen de la Iglesia como un hospital de campaña después de la batalla; es la verdad, ¡cuánta gente herida y destruida! Los heridos son curados, ayudados a sanar, no sometidos a los análisis para el colesterol. Creo que este es el momento de la misericordia. Todos nosotros somos pecadores, todos llevamos pesos interiores. He sentido que Jesús quiere abrir la puerta de Su corazón, que el Padre quiere mostrar sus entrañas de misericordia, y por eso nos manda el Espíritu: para moverse y para movernos. Es el año del perdón, el año de la reconciliación.

»Por un lado vemos el tráfico de armas, la producción de armas que matan, el asesinato de inocentes en los modos más crueles posibles, la explotación de personas, menores, niños: se está actuando –si me permite el término– un sacrilegio contra la humanidad, porque el hombre es sagrado, es la imagen del Dios vivo. Entonces el Padre dice: ‘deténganse y vengan a mi’. Esto es lo que yo veo en el mundo.

– Usted ha dicho que, como todos los creyentes, se siente pecador, necesitado de la misericordia de Dios. ¿Qué importancia ha tenido en su camino de sacerdote y de obispo la misericordia divina? ¿Recuerda en particular algún momento en el que ha sentido de manera transparente la mirada misericordiosa del Señor en su vida?
– Soy pecador, me siento pecador, estoy seguro de serlo; soy un pecador al cual el Señor ha mirado con misericordia. Soy, como he dicho a los encarcelados en Bolivia, un hombre perdonado. Soy un hombre perdonado, Dios me ha mirado con misericordia y me ha perdonado. Todavía ahora cometo errores y pecados, y me confieso cada quince o veinte días. Y si me confieso es porque tengo necesidad de sentir que la misericordia de Dios está todavía en mí.

»Me acuerdo –lo he dicho ya muchas veces– de cuando el Señor me ha mirado con misericordia. He tenido siempre la sensación de que tenía cuidado de mi de un modo especial, pero el momento más significativo se verificó el 21 de septiembre de 1953, cuando tenía 17 años. Era el día de la fiesta de la primavera y del estudiante en Argentina, y la habría celebrado con los otros estudiantes: yo era católico practicante, iba a la misa del domingo, pero nada más… estaba en Acción Católica, pero no hacía nada, era solo un católico practicante.

»A lo largo de la calle para a estación ferroviaria de Flores, pasaba cerca de la parroquia que frecuentaba y me sentía empujado a entrar: entré y vi venir por un lado a un sacerdote que no conocía. En ese momento no sé qué me sucedió, pero advertí la necesidad de confesarme, en el primer confesionario a la izquierda –mucha gente iba a rezar allí–. Y no sé qué ocurrió que salí distinto, cambiado. Volví a casa con la certeza de tenerme que consagrar al Señor y este sacerdote me acompañó durante casi un año.

»Era un sacerdote de Corrientes, don Carlos Benito Duarte Ibarra, que vivía en la Casa del Clero de Flores. Tenía leucemia y se estaba curando en el hospital. Murió al año siguiente. Después del funeral lloré amargamente, me sentí totalmente perdido, como con el temor de que Dios me hubiese abandonado. Este fue el momento en el que me sumergí en la misericordia de Dios y está muy unido a mi lema episcopal: el 21 de septiembre es el día de San Mateo, y Beda el Venerable, hablando de la conversión de Mateo, dice que Jesús miró a Mateo “miserando atque eligendo”.

»Se trata de una expresión que no se puede traducir, porque en italiano uno de los dos verbos no tiene gerundio, ni tampoco en español. La traducción literal sería “misericordiando y eligiendo”, casi como un trabajo artesanal. “Lo misericordió: esta es la traducción literal del texto. Cuando años después, recitando el breviario latino, descubrí esta lectura, me acordé de que el Señor me había modelado artesanalmente con Su misericordia. Cada vez que venía a Roma, porque me alojaba en Via della Scrofa, iba a la Iglesia de San Luis de los Franceses a rezar delante del cuadro de Caravaggio, sobre la Vocación de San Mateo.

– Según la Biblia, el lugar donde mora la misericordia de Dios es el vientre, las entrañas maternas, de Dios. Que se conmueven al punto de perdonar el pecado. ¿El Jubileo de la misericordia puede ser una ocasión para redescubrir la ‘maternidad de Dios’? ¿Existe también un aspecto más ‘femenino’ de la Iglesia que haya que valorar?
– Sí, Él mismo lo afirma cuando dice en Isaías que si una madre se olvidase de su hijo, también una madre puede olvidar… ‘yo en cambio no te olvidaré jamás’. Aquí se ve la dimensión materna de Dios. No todos comprenden cuando se habla de la ‘maternidad de Dios’, no es un lenguaje popular –en el buen sentido de la palabra–, parece un lenguaje un poco elegido; por eso prefiero usar la ternura, propia de una madre, la ternura de Dios, la ternura nace de las entrañas paternas. Dios es padre y madre.

»La misericordia, siempre si nos referimos a la Biblia, nos hace conocer a un Dios más ‘emotivo’ que aquel que alguna vez imaginamos. ¿Descubrir un Dios que se conmueve y se enternece por el hombre puede cambiar también nuestra actitud hacia los hermanos?

» Descubrirlo nos llevará a tener una actitud más tolerante, más paciente, más tierna. En 1994, durante el Sínodo, en una reunión de los grupos, dije que se debía instaurar la revolución de la ternura, y un Padre sinodal –un buen hombre, que yo respeto y al cual quiero mucho– ya muy anciano, me dijo que no convenía usar este lenguaje y me dio explicaciones razonables, de un hombre inteligente, pero yo continúo diciendo que hoy la revolución es la de la ternura porque de aquí deriva la justicia y todo el resto.

» Si un emprendedor contrata a un empleado de septiembre a julio, le dije, no es justo porque le despide por las vacaciones en julio para después volverle a contratar con un nuevo contrato de septiembre a julio, y de este modo el trabajador no tiene derecho a la indemnización, ni a la pensión, ni a la seguridad social. No tiene derecho a nada. El emprendedor no muestra ternura, sino que trata al empleado como un objeto –es por poner un ejemplo de donde no hay ternura.

» Si se pone en la piel de esa persona, en lugar de pensar en sus propios bolsillos por cualquier dinero de más, entonces las cosas cambian. La revolución de la ternura es aquella que hoy tenemos que cultivar como fruto de este año de la misericordia: la ternura de Dios hacia cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros debe decir: ‘Soy un desgraciado, pero Dios me ama así; entonces también yo debo amar a los otros del mismo modo’.

 

 

 

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