Miércoles, 22 Noviembre 2017

Celebrar la Palabra compromete nuestra vida

Mes de la BibliaEn hebreo, para hablar de la Palabra, se utiliza la expresión dabar. La misma que se utiliza para decir acontecimiento. No se entiende, por tanto, que algo se diga y no se lleve a cabo.

Cuando Dios habla… ocurre. Lo descubrimos de manera especial en el texto de la creación: Y dijo Dios… y se hizo. Lo podemos también comprobar en los textos vocacionales y en los proféticos: las promesas de Dios acaban siempre cumpliéndose.

¿Y la Palabra que nosotros escuchamos en nuestras celebraciones? ¿Es Palabra que actúa? ¿Es Palabra viva que, de alguna manera, se transforma en acontecimiento en nosotros y en nuestro entorno? Si durante la celebración hemos acogido, meditado y compartido la Palabra de manera adecuada, seguramente podamos afirmar, como dice el autor de la carta a los Hebreos, que la Palabra es fuente de vida y eficacia (Heb 4,12). Pero esa eficacia también depende de nosotros: Todo aquel que escucha mis palabras y las pone en práctica, puede compararse con una persona sabia que construyó su casa sobre roca (Mt 7,24).

Para que la Palabra celebrada te comprometa:

  • Permanece después de la celebración, un momento en silencio y pregúntate qué te ha querido decir Dios.
  • Trata de contemplar en la Palabra proclamada qué ha hecho por ti el Dios que tanto te ama. Y trata de descubrir qué puedes hacer tú por él, comprometiéndote con acciones concretas: cambiar, pedir perdón, ayudar, perdonar, servir, agradecer…
  • Si perteneces a algún grupo de fe, puedes utilizar la Palabra y a su luz leer cómo responder a las necesidades que los rodean. Un discernimiento comunitario observa su entorno, pero parte de la Palabra.
  • En las celebraciones con niños, adolescentes o jóvenes, puede ayudar el finalizar dando un objeto o un papel donde ellos escriban su compromiso o un recuerdo que les sirva apoyo para realizar lo que la Palabra celebrada nos ha sugerido.
  • La revisión personal, al final del día, retomando la Palabra de la celebración, nos ayudará a ver cuánto nos queda todavía por comprometernos para ponerla en práctica.
  • La oración personal, en la que cuentas a Dios tu compromiso, te ayudará a no convertirlo en un buen propósito que depende sólo de tus fuerzas, sino en una tarea compartida con aquel a quien amas. Con aquel cuya Palabra se hizo carne y se comprometió, convirtiéndose en uno de nosotros para transformar nuestro mundo.

Celebrar la Palabra con adolescentes

Celebrar la Palabra con adolescentes

El mundo adolescente ofrece numerosas posibilidades a la hora de compartir, anunciar y celebrar la Palabra de Dios con ellos. Su descubrimiento de la intimidad y del mundo interior, su capacidad de intuir mensajes profundos llenos de sentimiento, su búsqueda de identificación con eslóganes breves pero potentes... hace que podamos ayudarles a conectar con los textos de nuestras celebraciones.

la palabra

El mundo de las redes sociales, donde ellos expresan su mundo afectivo o sus sueños e ilusiones, en 140 o más caracteres diariamente, les abre, sobre todo, la oportunidad de acoger y descubrir textos que posteriormente les ayuden a utilizarlos para expresar y compartir lo que han sentido al escucharlos.

Convertirles en protagonistas, una vez vencida la timidez, a la hora de leer, representar o compartir los ecos de la Palabra con formas de expresión variadas, facilita su atención y participación.

Es cierto que el mundo bíblico y el mundo adolescente actual tienen una distancia cronológica de veinte siglos. Pero en los personajes, los dramas, las injusticias, las victorias, las conversaciones, las conversiones, las alegrías, las lágrimas, las traiciones y amistades... los adolescentes pueden reconocerse ellos mismos y el mundo que les rodea. Además, muchos de los elementos utilizados en la Biblia como signos (lus, agua, sangre, la piedra y la carne, la roca y la arena, el atleta que corre una carrera, las semillas...) todavía tienen una fuerza expresiva capaz de hacerles comprender el contenido de los textos.

Para ayudarles a celebrar la Palabra a los adolescentes te propongo:

  • Al igual que hacen ellos, cuida la estética del momento, pues ellos se dan cuenta de lo que es importante cuando se ve atractivo externamente.
  • Puesto que no les gusta sentirse acusados, no muestres la Palabra como un estilo que se opone a su forma de vida, sino más bien como un plus que puede llenar de sentidos sus vidas en forma de proyectos.
  • Hazles ver que la Palabra no es una solución mágica a los problemas, ni una serie de f'órmulas ocultas que tiene códigos escondidos. Anúnciales la Palabra como los escritos emocionados de grupos de creyentes que a lo largo de la historia han sentido la necesidad de compartir su experiencia de Dios.
  • Puesto que les cuesta seguir textos largos, si van a ser proclamados, procura elegir textos breves y con un mensaje claro. Si pueden contener una frase impactante que los resuma, mejor.
  • Anímales a utilizar en sus redes sociales alguna expresión de la Palabra celebrada.
  • Propónles, al final de la celebración, el reto de poner en práctica lo que han celebrado. Puede ayudar a esto darles un objeto con un versículo escrito en forma de recuerdo.

 

 Abel Domíguez, junio de 2013

Confianza en la Palabra de Dios

Confianza en la Palabra de Dios

La vida cristiana se caracteriza por el seguimiento y el encuentro con Jesús, el Cristo, que no cesa de llamar a cada hombre o mujer. No vamos detrás de ideas, sino de una persona: Jesucristo. Cuando decimos vida cristiana estamos confesando y publicando a todos que hemos optado por la transformación de nuestra vida personal siguiendo a Jesucristo, poniéndolo como centro de nuestras opciones. La vida cristiana para Pablo queda resumida en aquel gran grito: «Para mí el vivir es Cristo» (Flp 1,21). Y en otra ocasión dice a los cristianos con toda sencillez: «Ya no vivo yo, es Cristo el que vive en mí» (Gál 2,20).jesus biblia

Vida cristiana no es un añadido o un vestido externo que la persona se pone encima según épocas, lugares por los que pasa, actividades que realiza, algo así como «ahora me pongo el vestido de cristiano, ahora me lo quito; ahora llevo el vestido de normal, ahora de nuevo el de cristiano». El cristiano es el mismo en todas partes. No le hacen los trajes que se pone ni los lugares que frecuenta. Esté donde esté es cristiano, porque se ha ido transformando, poco a poco, gracias a la fuerza del agua bautismal y del Espíritu, en ser otro Cristo. La Palabra de Dios acogida y escuchada nos transforma. Hay que tener confianza en esta palabra porque lleva fuerza de semilla que hace florecer novedad de Jesús en cada persona.

Cuando aquí hablamos de confianza en la Palabra de Dios lo estamos entendiendo como esa confianza que el jardinero tiene cuando riega las plantas. El agua que derrama sobre ellas hará que la vida se mantenga y que florezca. La planta irá bebiendo a su ritmo para tener vida.

La lectura atenta, constante y fiel de la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura es como el agua que está ahí para no languidecer, es el agua que poco a poco va impregnando todo de vida. La Palabra de Dios lleva a entablar y a fortalecer la relación del lector con la persona misma de Jesús.

A veces podemos pensar que «tenemos que hacer todo para que la gente entienda el pasaje bíblico». Hasta nos podemos creer indispensables para que otros «entiendan» o descubran la Palabra de Dios en la narración de un relato bíblico. Si es cierto que hay que preparar el terreno, no es menos cierto que la propia semilla, la propia Palabra de Dios, tiene una fuerza en sí capaz de hacer germinar la vida.

Cuando nos hacemos indispensables para que el otro tome en sus manos la Sagrada Escritura y la entienda, con mucho celo y buena voluntad, estamos robando protagonismo y fuerza a la misma Palabra de Dios. En estos momentos conviene traer a la memoria algunos pasajes del profeta: «Como baja la lluvia y la nieve del cielo y no vuelve sin antes empapar la tierra… así será la palabra que sale de mi boca» (Is 55,10-11). En la parábola del sembrador, la semilla que cae y germina, lo hace por su propia fuerza, una vez que es acogida por la buena tierra.

Confiar en la Palabra es confiar en la fuerza de Dios que ella lleva implícita, y que es capaz de producir frutos, de hacerse escuchar, de hacerse acoger, de establecer una relación con el lector.

Caminamos hacia una mentalidad y forma de «trato» (no decimos uso) con la Palabra de Dios en la que tomar la Palabra de Dios en las manos no sea un «acto», sino una actitud habitual. Si, como decía san Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo», conocer las Escrituras, leídas en la fe de la Iglesia y en la Tradición viva, es conocer a la persona de Cristo y, un paso más, posibilitar el encuentro con él.

Celebrar la Palabra de Dios con jóvenes

En los procesos de educación en la fe repetimos con frecuencia que el objetivo fundamental de toda nuestra tarea es llevar a los jóvenes a encontrarse con Jesús, a hacer experiencia de Dios en Jesús, vivo y presente en nuestras vidas. La etapa de la juventud, es por tanto, donde el fruto de todo proceso tiene que verse patente, es la más indicada para propiciar ese encuentro a través de la Palabra de Dios y especialmente en las celebraciones.pdd jvenes

Hace un tiempo se publicaba en una entrevista a un joven de 19 años: «Nunca ha sido tan difícil hacerse adulto. Lo que nos falta es una orientación interior… una mano simbólica que tome la nuestra y nos guíe durante un trecho del camino. Hace tiempo que no somos tan cracs, ni tan negativos, como en ocasiones pretendemos. Anhelamos seguridades y – sí, eso también – ritos, cosas en la que podamos confiar, que acontezcan una y otra vez…».

¿No son nuestras celebraciones y ritos que acontecen una y otra vez? ¿No es la Palabra de Dios una guía en nuestros procesos de educación en la fe? ¿Por qué entonces no nos cansamos de repetir que los jóvenes huyen de nuestras celebraciones y que la Biblia se les cae de las manos? (Pensemos en la experiencia de Taizè, replicada en tantos lugares, que hacen del rito y la repetición - ¡y de la Palabra de Dios! – el centro de la celebración).

¿Cómo ayudarles a descubrir que nuestras celebraciones y que la Biblia pueden ser experiencias de encuentro con esa mano que les acompaña en el camino y brújulas para su vida? Evidentemente solo podremos transmitirles esto con credibilidad si nosotros mismos nos dejamos contagiar y hacemos experiencia continua de ello.

Para favorecer la participación de los jóvenes en las celebraciones podría ayudar:

  • Favorecer que el centro esté en experimentar a Jesús y no focalizar tanto las celebraciones en temas y valores éticos extraídos de la Biblia.
  • Expresar, como creyentes, la lógica de tanta repetición en el rito: repetimos porque hay algo permanente, fundamental, esencial en toda celebración: Dios que nos habla en su Palabra.
  • Educar en el silencio para que, en el camino de la vida adulta, la Palabra sea acogida en el clima adecuado para que ilumine la situación vital en la que el joven se encuentra.
  • Mostrar la novedad de Dios a través de una selección distinta de textos: no celebrar siempre con los mismos que se han usado desde que estos jóvenes eran pequeños.
  • Subrayar la importancia de celebrar juntos, pues la fe se vive como respuesta personal, pero también en comunidad que acoge y responde a la Palabra de Dios.
  • Cuidar la forma en que se justifica la práctica de celebrar la Palabra de Dios: ya no valen los argumentos infantiles o normativos. Se tendría que acentuar más la “necesidad” que la obligatoriedad.
  • Plantear las celebraciones como momentos especiales, unidos estrechamente a la vida cotidiana y, sobre todo, como expresiones centrarles de la fe vivida con un proyecto personal acompañado.

 

En base a un artículo de Abel Domínguez, en Misión Joven núm. 442

La Palabra narrada a los niños

El momento de la Palabra en una celebración con niños puede convertirse en un momento muy profundo y de gran intensidad si se realiza con creatividad y belleza. Algo tan necesario hoy en nuestro contexto de Nueva Evangelización.ninos-gran-comision-jesus

Los niños están acostumbrados a escuchar historias y cuentos, y se relacionan bien con los personajes. Su identidad con el personaje principal y su atención ante lo sorprendente en el relato hace que no pierdan el hilo de lo que se narra. Por eso, centrar la narración de los textos de la Biblia en sus personajes y en acontecimientos ayuda a que se introduzcan en historias vividas por creyentes del pasado de una forma natural y espontánea.

La capacidad de los niños para memorizar nombres de personas y lugares hace que la Biblia se convierta para ellos en un viaje a otros tiempos y lugares, sobre todo si las historias se acompañan de datos peculiares o descripciones de paisajes, objetos, vestidos, ciudades…

La forma de narrar la Palabra de Dios a los niños en una celebración, sin embargo, tiene que cuidar algunos aspectos que les ayuden a comprender, ya desde pequeños, que no se trata de un libro de cuentos o historias fantásticas. Hay que cuidar, por tanto, que durante la proclamación de la Palabra no se caiga en el infantilismo que haga percibir las narraciones bíblicas como cuentos infantiles.

Para narrar la Palabra de Dios a los niños en una celebración:

  • Hacer ver que todo lo que se narra no es una invención del que cuenta la historia, sino un relato que está escrito en la Biblia. En nuestra experiencia con niños es importante que siempre esté presente y visible la Biblia, y que se lea de ella (no de hojitas, revistas o cuadernos).
  • Representar o narrar la historia sin añadir muchos elementos extraños al texto original. Si se añaden, que sean elementos que ayuden a entender o explicar el texto, pero que no den información que no tiene nada que ver.
  • Distinguir unas historias de otras con algún tipo de introducción narrativa. Por ejemplo, se puede decir: «En cierta ocasión, le ocurrió a Jesús…», o «En una ocasión Jesús nos contó una historia…». Con ello les hacemos ver que hay relatos que son cuentos con un mensaje y otros son acontecimientos que vivió Jesús u otro personaje.
  • Para captar la atención de los niños y lograr una retención del texto es conveniente hacer pausas en las que ellos puedan intervenir respondiendo a preguntas o aplaudiendo a los personajes, así como repitiendo frases que el personaje está diciendo. Por ejemplo, en la narración de la creación, que todos repitan: «Dios vio que todo era muy bueno».
  • Utilizando recursos plásticos como carteles, personajes para pintar, animaciones, etc. se logra una identificación y una retención mayor de aquellos aspectos de la historia que queremos subrayar.
  • Los tiempos fuertes del calendario litúrgico so privilegiados para realizar una lectura narrada o representada de la Palabra de Dios. El Adviento, la Navidad, la Cuaresma y la Pascua están llenos de personajes y mensajes sencillos pero, a la vez, riquísimos y cercanos a la vida.

 

Por ABEL DOMÍNGUEZ en Misión Joven, Julio 2013

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La fe cristiana

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