Martes, 28 Marzo 2017

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Domingo 26 de marzo

Cuarto domingo de Cuaresma

"¿Crees en el Hijo del Hombre? Creo, Señor"

 

Palabras iniciales

A veces rehusamos incluso ver o afrontar el mal que hacemos contra Dios y contra nuestros hermanos.
Pidamos perdón y reconciliación.
    (Pausa)

    Señor Jesús, toca nuestros ojos y ábrelos a nuestras faltas y pecados:
    R/ Señor, ten piedad de nosotros.
    Cristo Jesús, toca nuestros oídos y ábrelos a los gritos de los pobres y de los que viven solos.
    R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
    Señor Jesús, toca nuestros corazones y ábrelos a tu amor y tu verdad.
    R/ Señor, ten piedad de nosotros.

 

LITURGIA DE LA PALABRA 

 

Primera Lectura (1 Sam 16,1b.6-7. 10-13a
    Dios no juzga a las personas conforme a su apariencia, sino que mira al corazón. David, el menor y más joven, es elegido y ungido rey.

Segunda Lectura (Ef 5,8-14)
    La luz de Cristo brilla sobre nosotros desde el bautismo. Somos, por lo tanto, hijos de la luz, llamados a producir frutos de bondad, justicia y verdad.

Evangelio (Jn 9,1-41)
    Un ciego de nacimiento encuentra a Jesús  y luego puede ver, primero con sus ojos corporales y después con los ojos de la fe. Nosotros somos ese ciego.

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".
"Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,
diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.
Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".
Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".
Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?".
El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".
Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.
Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".
Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego,
pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".
Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.
Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".
"Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".
Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".
El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".
Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!
Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este".
El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.
Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.
Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".
Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".
El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".
Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".
Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
Después Jesús agregó: "He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven".
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso también nosotros somos ciegos?".
Jesús les respondió: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: 'Vemos', su pecado permanece".

 

 COMENTARIO Y REFLEXIÓN

 

“Anda, úngelo porque es este” (1 Sam 16,12). Esa es la palabra de Dios que saca al profeta Samuel de sus cavilaciones. Enviado por Dios a ungir en Belén al futuro rey de Israel, piensa que el candidato se ha de distinguir por su apariencia y su estatura. Pero no es así. El elegido por Dios es precisamente el hijo menor, que está fuera, cuidando las ovejas de su padre Jesé.
 La unción del joven David por el profeta Samuel revela las predilecciones de Dios por los pequeños. Pero la unción es además un rito por el que la persona queda consagrada y apartada de la profanidad. Finalmente, la unción tiene un importante significado social: la persona es llamada a una misión y ha de cumplir con una responsabilidad.
El salmo responsorial del domingo 4º de Cuaresma nos recuerda que el joven pastor David es, en realidad, la imagen del único Pastor, que es el Señor (Sal 22). Por otra parte, la carta a los Efesios nos exhorta a abandonar las tinieblas que nos hacían andar a tientas y a caminar por el mundo como hijos de la luz (Ef 5,8-14).

EL ENVIADO

Tanto en el domingo pasado como en este la clave es precisamente esa vinculación de la luz con el agua. La Samaritana se encontró con Jesús en la plenitud de la luz y aceptó pedirle el agua que da vida eterna. Ahora es un ciego de nacimiento el que, ungido por Jesús con una mezcla de tierra y de saliva, encuentra en el agua la luz para sus ojos y para su vida toda (Jn 9,1-38).
Al ver al ciego, los discípulos preguntan si la causa de la ceguera es su pecado o el de sus padres. Es un resto de la mentalidad que consideraba la enfermedad como un resultado de la culpa moral. Andando los siglos, no siempre hemos logrado superar aquella presunción. Ante la muerte de un niño, muchos se escandalizan al pensar que no merecían tal “castigo”.
Jesús rechaza aquella antigua idea. Ante la situación del ciego, se manifestarán en él las obras de Dios. Y añade: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Unge los ojos del ciego y lo envía a lavarse en las aguas de la piscina de Siloé. De pronto el nombre habitual del canal cobra un nuevo sentido para indicar al “Enviado” por Dios para traer la luz a nuestra humanidad enceguecida.

CREER PARA VER

El evangelio incluye una serie de preguntas y respuestas entre los fariseos y el ciego, que parecen marcar el ritmo de una catequesis de iniciación cristiana. Un proceso que culmina en el diálogo de Jesús con el ciego ya curado.
• “¿Crees tú en el Hijo del hombre?”   Esa es la pregunta clave para todo catecúmeno que accede a la fuente bautismal. Pero es también una pregunta inesquivable para todo el que desea sinceramente acercarse a Jesús.
• “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” La pregunta por Jesús requiere siempre información, pero sobre todo necesita una seria formación. Nadie puede llegar por sí solo a reconocer la identidad del Señor.
• “Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es”.  La respuesta de Jesús incluye una referencia a los sentidos de la vista y el oído. La apertura sincera de la persona ha de conducir al que busca hasta el encuentro con el buscado.
• “Creo, Señor”. Según el evangelio, la fe ha curado a numeros enfermos que se acercaban a Jesús. El padre del joven epiléptico que Jesús encontró al bajar del monte de la Trensfiguración decía creer, pero todavía necesitaba crecer en la fe. El ciego curado cree simplemente.  

 

    (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIONES DE LOS FIELES

  •  Por la Iglesia, el pueblo de Dios, para que ayudemos a que la luz de Cristo brille en este mundo y proclame su mensaje de verdad y amor en lenguaje de nuestro tiempo, roguemos al Señor.
  • Por todos los ciegos espirituales a causa de la duda o de la desesperación, para que puedan gozar de nuevo la luz de la fe  a través de la fe personal de cristianos comprometidos y a través del testimonio de la comunidad cristiana, roguemos al Señor.
  • Por todos los que afirman ser seguidores de  Cristo, para que sus  ojos se abran completamente a la injusticia de la que ellos seguramente forman parte, y que ayuden a reponer las esperanzas de la gente en los valores de Dios, como la verdad, la dignidad humana y la justicia, roguemos al Señor.
  • Por las víctimas de la opresión y de la discriminación, por los refugiados y los afectados por desastres naturales, para que nosotros no seamos ciegos a sus necesidades, sino que les ayudemos eficazmente a llevar sus pesadas cargas, roguemos al Señor.
  • Por nuestros queridos difuntos, para que el Señor los acoja en su luz y alegría eternas, roguemos al Señor.

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

 

 

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