Viernes, 22 Septiembre 2017

Recursos para la misa del domingo

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Domingo 17 de setiembre

Vigésimo cuarto domingo del tiempo común

«Ten paciencia conmigo, Señor»

Canto de inicio

 

Palabras iniciales

La Palabra de hoy es, una vez más, clara y contundente: Dios nos ha PERDONADO mucho, muchísimo, a todos, a cada uno, sin pedírselo nosotros, sin condiciones. Nosotros también debemos perdonar a nuestros hermanos sin límites.

Sin duda, este mensaje, esta llamada de Dios a vivir perdonándonos unos a otros, tantas veces como sea necesario, debe sonar con fuerza en nuestra sociedad y en nuestras comunidades, en tantas ocasiones divididas por las envidias, las heridas y los malos entendidos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

1ª Lectura: Eclesiástico 27, 33 – 28, 9

La convivencia entre las personas ha sido una lección a aprender, y con frecuencia ha producido violencia, malestar y rencor. Así, durante mucho tiempo el pueblo judío esperaba a un Mesías, vengador de los enemigos. Pero más que esto la necesidad primordial es saber perdonar.

2ª Lectura: Romanos 14, 7-9

Por el Bautismo hemos sido incorporados a Cristo y una nueva vida ha brotado en nosotros; por eso somos de Cristo.

Evangelio: Mateo 18, 21-35

Hoy se nos muestra el verdadero rostro de Dios, que sólo sabe perdonar y amar. El perdón cristiano nace de la experiencia de haber sido perdonado por Dios.

 

Pedro le preguntó a Jesús: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

 

COMENTARIO Y REFLEXIÓN

“Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante y pide perdón de sus pecados?” (Si 28,2-4). Con estas reflexiones, el libro del Eclesiástico sugiere una reflexión sobre la coherencia.
De hecho, subraya la unión que existe entre el perdón que el hombre espera obtener de Dios y el que él está dispuesto a conceder a sus semejantes. La misericordia es sobre todo un atributo de Dios. Él la concede abundantemente. Pero exige que el hombre la refleje y la continúe en sus relaciones con los demás.
  El salmo responsorial se hace eco de esa afirmación al confesar: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Sal 102). Según san Pablo, esa misericordia de Dios se manifiesta sobre todo en Jesús, que murió por nosotros y resucitó para nuestra salvación (cf. Rom 14,9).

LA ESPIRAL DE LA VIOLENCIA

En la boca de Lamec, descendiente de Caín, se colocaba el canto de la venganza salvaje: “Caín será vengado siete veces, y Lamec setenta y siete” (Gén 4,24). Pues bien, Simón Pedro pregunta a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Y Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-22).
Bien sabemos que el siete es un número de calidad, más que de cantidad. La tendencia humana es la de continuar la venganza hasta lo insospechable. La propuesta de Jesús es la de romper la espiral de la violencia mediante el ofrecimiento generoso del perdón.
El perdón de las ofensas es ciertamente difícil. Pero la misericordia humana es posible porque brota de la fuente de la misericordia divina. Mediante la parábola de los deudores, Jesús afirma que el creyente ha de tener compasión, puesto que Dios ha tenido compasión con él (Mt 18, 23-35).

EL AJUSTE DE CUENTAS

En la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus criados hay una invocación que se repite dos veces.
• “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Así suplica el deudor que debe al rey la fabulosa cantidad de diez mil talentos. Los hombres nos engañamos al pensar que podremos pagar toda nuestra deuda a Dios. Pero él tiene compasión hasta de ese autoengaño.
• “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Así ruega el deudor que debe a su compañero la cifra de cien denarios. Nosotros nos creemos más agraviados que él, y por cosas que no tienen importancia. Nuestro mayor pecado es no pasar a los demás el perdón que nos ha sido concedido.

 

   (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIONES DE LOS FIELES

1.- Por la Iglesia, para que muestre el verdadero rostro de Dios al mundo, sea ejemplo de perdón incondicional, fuente de paz y reconciliación para los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2.- Por los gobiernos de los pueblos e instituciones, para que encuentren caminos de diálogo, haciendo posible unas relaciones más fraternas y justas entre los pueblos. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3.- Para que, entre nosotros, nunca falten personas y grupos que apuesten en favor del perdón y de la reconciliación, de manera que alcancemos, de una forma real y concreta, una convivencia positiva y constructiva, que acoge a cada persona, a pesar de las diferencias. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4.- Por todas las personas que están sufriendo, por los que viven sin sentido, para que se encuentren con personas dispuestas a aliviar sus dolores, personas que contagien esperanza, ilusión y ganas de vivir. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5.- Por todos nosotros, para que seamos transmisores de paz, creadores de armonía y convivencia fraterna en nuestras comunidades y familias. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

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