Jueves, 20 Julio 2017

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Domingo 16 de julio

Domingo XV del tiempo común

«Feliz quien recibe la Palabra y la comprende»

Canto de inicio

 

Palabras iniciales

El Señor mismo sigue sembrando su palabra entre nosotros como una invitación, un llamado,  un  reto. Pero ¿le permitimos siquiera arraigar? ¿Cuál es el cultivo o el fruto que producimos? Dios es generoso con su palabra pero ¿somos nosotros generosos con nuestra respuesta? Que Jesús nos proclame hoy su palabra; que nosotros sepamos acogerla con calor y entusiasmo, y que arraigue en nosotros, crezca y dé una cosecha rica y hermosa.

 

LITURGIA DE LA PALABRA.

Primer Lectura (Is 55,10-11): La Palabra de Dios es Creadora
El profeta Isaías proclama un mensaje de esperanza: La Palabra de Dios siempre produce resultados y es un acto creador. La promesa de salvación de Dios se cumplirá.

Segunda Lectura (Rom 8,18-23): Esforzarse con  Esperanza por una Nueva Creación
San Pablo proclama un mensaje de esperanza. Somos hijos de Dios, que pasamos con Cristo a través del sufrimiento en nuestro camino de esperanza hacia la libertad de Dios para nosotros y para un mundo nuevo.

Evangelio (Mt 13,1-23): Una Semilla Que Produce Fruto
Dios siembra su palabra con esperanza. La Buena Noticia de salvación será eficaz en todos los que estén dispuestos a permitir que ella cambie sus vidas.

 

Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!".
Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".
El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".

COMENTARIO Y REFLEXIÓN

 

“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,10-11).
Al principio de este capítulo se invitaba a recibir la palabra de Dios, presentada con las imágenes del trigo, el vino y la leche. Todos los demás alimentos no podían satisfacer al hombre (Is 55,1-2). Ahora la palabra de Dios se presenta con la imagen de la lluvia que fecunda los campos. Así que el alimento y la fecundidad son los grandes dones de Dios.
Como el labrador espera una buena cosecha, “también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8,23).

LA PARÁBOLA

El evangelio que se proclama en este domingo 15º del tiempo ordinario nos ofrece el conocido mensaje sobre el sembrador y la semilla (Mt 13,1-23). La primera parte se presenta como una parábola que refleja la decisión de Dios. El sembrador sale al campo y arroja la semilla. Dios no es tacaño en la sementera. Esparce su semilla con generosidad.
Las aves del cielo, las piedras y los abrojos representan serios inconvenientes para que la semilla produzca fruto. Estos obstáculos no pueden ser ignorados, pero no constituyen toda la realidad de los campos. Y sobre todo, no pueden frustrar las intenciones del sembrador. Siempre hay una porción de buena tierra que acoge la semilla y la ayuda a germinar.
A pesar de todas las dificultades, el sembrador desea que su palabra produzca un fruto abundante. Nada puede hacer fracasar sus proyectos y esperanzas. El ejemplo de Dios no puede quedar en el olvido. Como él, tambien nosotros “sembremos en los hombres el ejemplo de obras sinceramente buenas”, como dice san Bernardo.

LA ALEGORÍA

La segunda parte del texto evangélico se nos presenta como una alegoría que refleja las actitudes de los hombres que reciben la palabra de Dios.
• Algunos escuchan la palabra del reino, pero no la entienden. Viene el maligno y roba lo sembrado en su corazón.  Les falta formación.
• Otros escuchan la palabra y la acogen con alegría en su corazón. Pero son inconstantes ante la dificultad o la persecución. Les falta perseverancia.
• Otros escuchan la palabra pero permiten que la ahoguen los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. Les falta austeridad.
• Otros escuchan la palabra, la acogen, la meditan, la difunden, dan un testimonio vivo de lo que ha producido en su vida. Solo les falta agradecer a Dios esos mismos dones.

 

  (P. José Román Flecha Andrés)

 

ORACIONES DE LOS FIELES

  1.  Por los que siembran y difunden la palabra de la Buena Noticia de salvación: pastores y misioneros, catequistas y maestros, padres de familia, para que sigan sembrando la semilla aun cuando no vean todavía fruto, roguemos al Señor.
  2. Por los que no se sienten movidos por la palabra de Dios, para que la Iglesia pueda percibir su anhelo silencioso y proclame la palabra de tal forma que ellos vean que es importante para su vida y su felicidad, roguemos al Señor.
  3. Por los que han permanecido sordos a la palabra de Dios, para que se sientan movidos por ella, cuando vean que florece y da fruto en las vidas de los buenos cristianos, roguemos al Señor.
  4. Por los enfermos, los que viven solos, los que sufren o lloran, para que la palabra de Dios les lleve consuelo, les dé el valor para aguantar su dolor y para seguir esperando en un Dios amoroso y bondadoso. roguemos al Señor.
  5. Por nosotros y por todas las comunidades cristianas, para que no permitamos que los afanes de la vida asfixien  la palabra de Dios en nosotros, roguemos al Señor.

 

CANTO DE COMUNIÓN

 

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