
Las misiones salesianas "Ad gentes" continúan siendo en el tercer milenio un frente típicamente salesiano, es más, es y continuarán siendo un trazo fundamental de la Congregación, sin el cual dejaríamos de ser lo que el Espíritu suscitó en la Iglesia.
La misión, en otras tierras, no es un "lujo", una "aventura", un "sentimentalismo poético". Es vitalidad del Espíritu Santo. Es fuerza de renovación y purificación eclesial. Es señal y fuente de fecundidad en la Iglesia y en la Congregación. Como proféticamente decía nuestro superior Mayor, Don Egidio Viganó, cuando comenzó el proyecto África en 1980: "Para nosotros, el Proyecto África, es una gracia de Dios".
Veinte años después las Obras Misioneras Pontificias, en la persona de su secretario: Marcello Zago, en la evaluación de la historia de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, afirmará que el Proyecto África, de los Salesianos de Don Bosco, fue la aventura evangélica misionera más fructuosa de los últimos 25 años en la Iglesia Universal.
Somos fruto de la generosidad misionera de los primeros Salesianos. A lo largo de estos 125 años hemos recibido a muchos hermanos y hermanas que han venido desde sus tierras a fundar o fortalecer nuestra presencia. Qué hermoso es dar aquello que recibimos. Las misiones son un don para la Iglesia, para el mundo y para nuestra propia Inspectoría.
Nuestra Inspectoría "San José" se siente orgullosa de haber respondido con generosidad a esta dimensión fundamental del carisma de Don Bosco.
Nuestra tierra ha dado más de un centenar de misioneros ad gentes. Basta pensar en las fundaciones hechas desde Uruguay por Lasagna en Paraguay y Brasil, donde la Familia salesiana se desenvolvió vigorosamente. Es legendaria la presencia del Padre Domingo Correa en la lejana China , cuyas experiencias narró en un libro, después de su expulsión del país en 1948.
En la historia misionera salesiana reciente, nuestro paisito colaboró con la más grande aventura misionera del final del milenio, con 8 hermanos y una Hija de María Auxiliadora. Nuestra tierra prometida fue sobretodo Angola.
El primero salesiano uruguayo en ser enviado fue P. Milan Zednicek en 1981, con el grupo fundador de nuestra misión en Angola. Siguió luego el P. José Ramón Uría, llegado en 1982, secuestrado por la guerrilla permaneció por meses en cautiverio. Luego, llegó P. Martín Lasarte, en Julio de 1990. Actualmente se encuentra en Luanda, en la casa de Formación, y colabora con el Seminario Mayor de Luanda, como profesor de Sagrada Escritura. Santiago Christophersen llegó en 1991, como seminarista, actualmente trabaja en la asistencia humanitaria de los campos de refugiados, en la comunidad de Luena. Por último llegó P. Andrés Algorta en 1998, trabajando en Benguela, tierra soñada por Don Bosco.
Además de los enviados a Angola, han sido enviados el P. Bruno Zamberlan, italiano, que después de muchos años en Uruguay pidió ir a África y actualmente trabaja en Zimbabwe. El P. Ignacio Laventure, nuestro misionero de la expedición 2.000. Su destino no es Angola, sino Etiopía. El Evangelio, en estas tierras, tiene más de 1800 años y se presenta encarnado en la cultura en arraigadas costumbres populares.
Las Hijas de María Auxiliadora del Uruguay también han sido pródigas en enviar misioneras desde el comienzo de su presencia en el Uruguay. Actualmente seis hermanas uruguayas trabajan en la misión "ad gentes": la Hna. Gloria Medina en Benin, las Hnas. Carmen Ramos y Alicia Aschieri en Bolivia, la Hna. Angela Rodríguez en Paraguay y la Hna. Susana Labeque en Bahía Blanca.
Un aspecto para subrayar en este impulso misionero, es la dimensión laical. Varios jóvenes del voluntariado han ofrecido y están ofreciendo uno o más años de su vida en las misiones salesianas: Aquí en Angola tuvimos la experiencia rica y positiva de los jóvenes: Guillermo Altez, Laura Ado, Fabiana García. También hubieron voluntarios en Amazonas: Natalia Borche y Natalia Morelli, así como en Méjico, Sergio Correa y Claudia Portela. Fabiana recibió su crucifijo misionero en la Basílica Maria Auxiliadora, así como Cagliero, Lasagna, nuestros santos Versiglia y Caravario y cientos de salesianos. Sin duda que es una señal de los tiempos, el empeño misionero es de toda la Familia Salesiana, también de nuestros jóvenes.
La sensibilidad misionera salesiana no sólo se ve en personal, sino también en la ayuda material. Nuestra inspectoría, pese a grandes privaciones, en la persona del dinámico P. Visentini, responsable de la animación misionera y voluntariado, realizó el bonito y sacrificado gesto de enviar algunos contenedores de alimentos, material escolar, etc. a las misiones de Angola. Este gesto conmovió, no sólo a misioneros provenientes de otras nacionalidades de mayor posibilidades económicas, pero tal vez con menor sensibilidad, así como al pueblo sencillo.
Un último testimonio reciente, de nuestra inspectoría misionera, es del querido P. Osvaldo Romero, que entregó su vida en el Perú, como misionero en los Andes entre los campesinos del Valle Sagrado de los Incas. Falleció en un accidente, al despeñarse su jeep en la montaña. Su cuerpo fue traído a Uruguay, pero el pueblo al cual dedicó su vida pidió que allí se quedara su corazón. Y así se hizo.
Junto al P. Romero recordamos todos los misioneros que entregaron su vida. D. Viganó citaba las palabras del Papa pronunciadas en el cementerio Makiso, en Congo Democrático, frente a la tumba de muchos misioneros: "Bendito seas, Señor, por el testimonio de tus misioneros! Sé que Tú has inspirado sus corazones de apóstoles para dejar para siempre su tierra, su familia, su patria, para alcanzar este país, hasta entonces desconocido por ellos, y proponer el Evangelio aquellos que ya consideraban como sus hermanos. Bendito seas, Señor, (...) por haber donado a ellos resistencia y paciencia en las fatigas, en las dificultades, en las penas e en lo sufrimientos de todo tipo".