Casas de formación


¿Cómo se «hace» un salesiano?

"El rostro alegre, el corazón en la mano, he ahí hecho el salesiano", así

dice una vieja canción de nuestra familia. Pero ese rostro y ese corazón no se improvisan. Con la ayuda de Dios, el salesiano se va formando a través de un largo período de años. Les invitamos a realizar una breve recorrida por las diferentes etapas.

¿Tengo vocación?

De muchas maneras sencillas Dios se sirve para llamar a un joven a la vida religiosa, de ahí que muchos de nuestros jóvenes se plantean la pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿por qué no ser salesiano? ¿Dios no me querrá cura?

Comienza el discernimiento vocacional que es una constante de todo el itinerario formativo: tratar de ahondar en las motivaciones de la opción y llegar a desear, con toda el alma, hacer en la vida la voluntad de Dios.

El primer paso

Cuando un joven, después de un tiempo de búsqueda, da un primer sí al planteo vocacional, la Congregación le ofrece la experiencia de vivir en una casa salesiana que lleva el nombre de "Aspirantado" y que está al lado del Colegio Pío en Villa Colón.

Allí los muchachos viven una experiencia nueva de "casa". Terminan sus estudios liceales, o continúan estudios de facultad u otros; comparten la vida de comunidad y de oración. Los fines de semana lo dedican al apostolado dando catequesis o animando algún oratorio. En el Aspirantado descubren el valor de ser acompañados en este camino por salesianos a los que la Congregación confía la delicada tarea de la formación.

Cada año un grupo de aspirantes que han ido madurando su decisión, comienzan una etapa de mayor intensidad en la formación espiritual y salesiana que se llama el "prenoviciado". Ese año, se realiza también una experiencia "pedagógico-pastoral" concurriendo los prenovicios a clases de pedagogía y filosofía en el Instituto Miguel Rúa y participando, algunas mañanas, de la tarea educativa en algún centro docente salesiano: Colegio Pío, Escuela de Oficios Don Bosco etc. En la comunidad educativo pastoral, irá aprendiendo a trabajar en proyecto junto a salesianos y laicos.

Un año clave: el noviciado

La siguiente etapa es el noviciado. El día de la fiesta de Don Bosco, 31 de enero, la casa de Formación de la Av. Millán 4382 recibe un grupito de jóvenes que quieren iniciar la vida religiosa salesiana. Lo hacen bajo la guía de un salesiano que recibe el nombre de "maestro de novicios".

Es éste un año que está dedicado sobre todo a la formación en la vida religiosa, es decir a interiorizar los valores de la vida evangélica y salesiana, vividos en la consagración apostólica. El novicio está invitado a hacer la experiencia del discípulo de Cristo que deja todo para seguirlo.

El Evangelio y el libro de las Constituciones Salesianas pasan a ser, para él, palabras vivas. A fin de año, luego de un serio discernimiento, el novicio, si desea continuar su camino vocacional, pide con libertad hacer su primera profesión; es decir, pide ser aceptado como salesiano religioso haciendo voto de obediencia, pobreza y castidad y comprometiéndose a vivir, en comunión con sus hermanos, la misión salesiana en la Iglesia. El P. Inspector y su Consejo deben deliberar si aceptan su pedido; si la respuesta es positiva, el 30 de enero los novicios harán su profesión religiosa que, según sabia norma de la Iglesia, no es en este primer período para siempre, sino por 3 años.

A crecer: el posnovicio

En la misma casa del Noviciado se encuentra el Posnoviciado. En esta etapa de tres años, además de continuar la formación espiritual, el joven salesiano se dedica de lleno al estudio de la filosofía y las ciencias de la educación, y continúa la iniciación teológica y salesiana comenzada en el Noviciado. Los estudios se realizan en el Instituto Miguel Rúa, en la misma Casa, y, ya desde hace varios años, concurriendo a la Universidad de la República para obtener la Licenciatura en Ciencias de la Educación o a la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. El salesiano joven se prepara así para su tarea de educador-pastor en diálogo vivo entre la fe y la cultura.

Pero no todo es estudio, junto con sus compañeros va compartiendo, en comunidad fraterna, diversas actividades: el trabajo de la casa, un buen partido de fútbol, aprender a tocar guitarra o a defenderse en la cocina.

Los fines de semana, junto con los novicios, trabaja en distintas actividades apostólicas: Oratorio San Andrés, Domingo Savio, Oratorio Tacurú. En las vacaciones de verano realizará campamentos o misiones en algún pueblo del interior del país.

No solo los libros

Al terminar el posnoviciado comienza un período de confrontación vital e intensa con la acción salesiana: el tirocinio. Durante dos años el joven salesiano trabajará codo a codo con sus hermanos mayores en alguna obra.

Esta etapa permite decantar muchos elementos aprendidos en la casa de formación. El corazón del "Buen Pastor", que es el centro de la vida del salesiano, se pone a prueba. El "tirocinante" se "sumerge" de lleno en la tarea educativo-pastoral de su comunidad, pero sobre todo, aprenderá a vivir a fondo, junto con sus hermanos, su opción de vida. Será un momento precioso para crecer en la unión con Dios en medio de la acción, que caracterizó a su padre Don Bosco.

Una opción definitiva

Con el fin del tirocinio coincide un año especial del discernimiento vocacional. Se trata del sí definitivo a Dios que se concretiza en la "profesión perpetua". Es decir, el compromiso de ser salesiano de por vida.

En enero de cada año se realiza en Junín de los Andes un encuentro de formación para preparar este paso definitivo, junto con salesianos de Argentina, Paraguay y Chile.

También es éste el momento en que se bifurca la formación, de acuerdo a la opción personal realizada, entre las dos formas de vivir la vocación religiosa salesiana: como salesiano coadjutor (los "hermanos" o "maestros" de nuestras casas) o como salesiano sacerdote.

El salesiano coadjutor completa su formación de acuerdo a su particular opción laical (maestro, mecánico, músico, etc.). El salesiano que opta por el sacerdocio comienza un período formativo de cuatro años: el teologado.

Corazón sacerdotal

La Casa del Teologado queda en Av. Agraciada 3080. Los estudios teológicos se realizan en la Facultad Teológica del Uruguay Mariano Soler (antiguo ITUMS), junto con seminaristas de otras congregaciones religiosas o del clero secular.

Al igual que en las otras etapas de formación, la vida del "teólogo" no se reduce al estudio. Continúa las actividades apostólicas con la fuerza que le da su experiencia de tirocinante y la proximidad de su ordenación. Pero, más importante que lo que realice, será la formación en su interior de un corazón sacerdotal. En la oración, el "teólogo" va descubriendo que la iglesia y la congregación, como María con su Hijo Jesús, le han ido preparando, acompañando, formando, a través de muchos años para ser un salesiano sacerdote según el corazón de Cristo y de Don Bosco. Con la alegría de todos los que lo han acompañado en su formación: familia, hermanos, amigos, el salesiano vivirá con gozo su ordenación sacerdotal.

¿Termina aquí la formación?

Claro que no. El salesiano, coadjutor o sacerdote, sabe que es, como todo cristiano, un peregrino, cuya meta exige seguir aprovisionándose de lo necesario para el largo camino. Como educador, su misma tarea le exigirá estar siempre al día. Por eso decimos que la formación es permanente.

En la fidelidad a Don Bosco, con su "rostro alegre", aunque quizás más curtido por la vida y la experiencia, con su "corazón en la mano", ojalá más despojado de sí mismo y más lleno de Dios, el salesiano se prepara para vivir como "buen pastor" todos los días de su vida y para escuchar, a su tiempo, en el encuentro definitivo con el Señor, las palabras que sintió en su juventud: "Ven y sígueme".

Peregrinas de un sueño...

"El peregrino es alguien que busca. Se pone en camino detrás de una esperanza. Creé que hay para él un lugar en el mundo. Y lo busca, aún sin saber bien qué es lo que lo empuja. O lo que lo atrae... Es alguien que ama la vida y quiere vivirla con un para qué. Al ponerse en camino se expone a que el Dios de la vida le cambie el para qué de su existencia. Es un riesgo que a la vez que lo desea, quizá también le teme. Por eso busca unirse a otros, para corajear..."

Así presenta Mamerto Menapace la figura del peregrino, ese alguien que sale a la búsqueda del sueño de Dios. Así sentimos nosotras, Hijas de María Auxiliadora que es la experiencia de la llamada del Señor sobre cada una, y así como peregrinas hacia la verdad plena, marchamos...

El caminar no es fácil, el sendero va presentando obstáculos, que prueban nuestros límites y capacidades, la intensidad de nuestros sueños, la fuerza de ese llamado y la voluntad de la respuesta.

Para llegar a ser la Hija de María Auxiliadora que Dios soñó, hay tiempos diferentes; de discernimientos y encuentros; de experiencias y estudio; de oración y soledad; de unirse a otras que en el mismo camino quieren dar una respuesta "única y original" , nueva pero con la carga de los orígenes. Es cierto que no inventamos el camino, ya otras lo recorrieron antes y nos regalaron la fascinación de haber llegado a la meta, que es simplemente ser mujeres felices, con aquello que Dios ha querido regalarnos.

Nuestra Inspectoría es consciente que es depositaria de un gran tesoro, Don Bosco y Madre Mazzarello enviaron a esta tierra la primicia de sus sueños, sus primeros hijos e hijas, un estilo de vida que en el cariño, la alegría, la familiaridad nos hace ser hermanas y hermanos de camino de muchos otros.

En estos tiempos diferentes del caminante es que se presentan las etapas de formación en nuestro Instituto; que buscan acompañar el proceso de maduración en todas las etapas evolutivas de la persona.

Comenzamos con la formación permanente que es el horizonte de todo el proceso formativo, con la convicción de que la vida se genera con la vida.

Formación permanente


La formación permanente tiene su espacio importante, y en unión con otras Inspectorías del Cono Sur Americano hemos visto como prioridad indispensable al plantear la continuidad del proceso formativo. El crecimiento vocacional como todo proceso evolutivo se desarrolla en los diversos ciclos vitales que caracterizan el curso de la existencia humana. Como HMA somos conscientes de que el secreto de la eficacia de la misión educativa se encuentra en la experiencia de una comunidad en continua formación, una comunidad que advierte la exigencia de reavivar en cada momento el don recibido mediante un más profundo encuentro con Cristo y una asimilación más vital de la espiritualidad salesiana.

Un espacio importante es ocupado por la figura de María, ella mujer fuerte y tierna nos enseña el secreto del cuidado de la vida, la de cada una, la de otras mujeres en situaciones de riesgo, la de los pequeños.